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“Las consecuencias son tremendas siendo yo bebé”. El testimonio de hijos de víctimas del Plan Cóndor en Argentina
Victoria Lucía Apell Delard tenía cuatro meses cuando sus padres, Carmen Angélica Delard Cabezas y José Luis Appel de la Cruz, fueron secuestrados en Río Negro, en diciembre de 1976. Días después, pero en Buenos Aires, el 17 de enero del ´77, sus primos Roberto y Paula Cristi Delard, con 2 años y ocho meses y 1 año y medio, respectivamente, presenciaron la tortura y secuestro de los tíos, Gloria Delard Cabezas y Roberto Cristi Melero.
El testimonio de los tres por entonces infantes se escuchó en el 9° juicio por delitos de Lesa Humanidad en Neuquén, en el que se investigan los homicidios de Carmen y José Luis, la pareja que había llegado a Cipolletti siendo perseguidos en Chile por su participación en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Los imputados por este caso son Sergio Adolfo San Martín y Jorge Héctor Di Pasquale. Estos hechos ya fueron juzgados con anterioridad en la causa Plan Cóndor.
“Puede haber justicia pero no puede haber perdón”
Cuando Carmen Delard Cabezas vio que personas vestidas de civil y armadas metían a su compañero en un auto y se lo llevaban decidió ir en busca de ayuda a la casa del matrimonio conocido y compatriota de Graciela y Victor Hugo Herrero Rojas. Con lágrimas en los ojos, según se relató, la mujer les avisó que iría a la comisaría a preguntar por José Luis, les encargó el cuidado de la bebé llamada Victoria y les dejó indicaciones de qué hacer si ella no regresaba. Desde entonces, nada más se supo sobre ninguno de los dos.
Ahora, a sus 49 años, Victoria declaró lo que pudo reconstruir acerca de sus padres, y las consecuencias que impactaron en ella cuando esas vidas fueron arrebatadas por la dictadura argentina, “esas repercusiones psicológicas de crecer sin estar sabiendo, porque una no entierra a sus familiares (desaparecidos)”, las “repercusiones que son tan íntimas”, “lo perpetuo” de un sufrimiento que logró superar con terapia y esfuerzo porque, según aclaró, pese a todo no le pudieron quitar “las ganas de vivir, de gozar, ni las ideas”.
La mujer relató que tras el Golpe de Estado instaurado en Chile el 11 de septiembre de 1973, su abuelo Orlando fue apartado del empleo de médico que tenía en las Fuerzas Armadas del vecino país acusado por su simpatía con el socialismo de Salvador Allende. Entonces y junto a su abuela Carmela, definieron exiliar la familia completa hacia la Argentina, aunque cruzaron la cordillera en distintos momentos y situaciones.
En el caso de los abuelos, para 1974 terminaron por irse a Francia; su tía Gloria y la pareja Roberto quedaron en Buenos Aires; en tanto que sus padres, Carmen y José Luis, llegaron a Mendoza. Victoria relató que a esta última provincia lograron cruzar clandestinos y con ayuda de Rene Gajardo, un hombre del que supo que era amigo del abuelo, militar retirado, y que para la dictadura había vuelto a prestar servicio. Una vez en Argentina, Carmen y José Luis fueron cautivos por este hombre en una vivienda de la que finalmente lograron escapar. A partir de entonces, la pareja chilena pivoteó entre la Capital Federal y Neuquén, hasta que fueron ilegalmente detenidos en Cipolletti.
El matrimonio que quedó a cargo de Victoria logró cumplir con su traslado desde la Patagonia a la Capital Federal, donde finalmente fue reunida con sus primos y llevador al encuentro de sus abuelos, en Francia. “Nos criamos los tres como hermanos”, contó la mujer y agregó que, ante la necesidad de niños, terminaron por denominar mamá y papá a su abuela y abuelo, algo que los adultos aceptaron bajo la condición de aclarar reiteradamente que sus verdaderos padres y madres habían sido desaparecidos.
Con ese ejercicio constante de la memoria la mujer logró reconstruir los hechos de su pasado y el de sus padres, así como el de sus primos y tíos, una historia sobre la que profundizó, más aún, cuando pudo viajar a Chile y Argentina, ya en democracia. Entre otros elementos que descubrió, mencionó que en el Archivo Provincial de la Memoria vio una “ficha” sobre alguien desconocido que, para 1975, era acusado de “estar vinculado con el subversivo Luis Appel”.
Los primos. Los abuelos
Los testimonios traídos a este juicio en torno al secuestro y desaparición de la hermana de Carmen -Gloria Delard Cabezas y su pareja Roberto Cristi Melero-, dieron cuenta de un contexto represivo que se extendía más allá de las fronteras nacionales y los límites provinciales. Sobre estes hechos atestiguaron los primos de Victoria, Roberto Andrés Cristi Delard y Paula Alejandra Cristi Delard.
Los hermanos contaron lo que pudieron saber sobre la historia de sus padres exiliados en el conurbano bonaerense, y la de sus tíos y prima Victoria, para aquella época en iguales condiciones en el sur del país. Relataron que ambas parejas militaban en Chile dentro del MIR y comenzaron a ser perseguidos por la dictadura iniciada allí, en el ´73. Si bien Gloria y Roberto habían logrado escapar hacia la Argentina con el resto de la familia en 1974, tres años después sufrieron la represión aquí.
El 17 de enero de 1977 la pareja se encontraba en una casa en Ramos Mejía con sus hijos Roberto Andrés -menor de 3 años-, Paula Alejandra -de 18 meses- y un embarazo en curso. De aquella noche Roberto recordaría: “Torturaron a nuestros padres delante nuestro”. Seguido agregó que fueron dejados por los represores en una casa vecina y luego serían alojados en un orfanato donde permanecieron durante algunos meses hasta que otra tía, con ayuda de organismos de Derechos Humanos, los reunió con la pequeña Victoria y los trasladó a Francia con sus abuelos. Junto a esa familia vivirían también algunos años en Argelia.
De sus padres Gloria y Roberto pudieron reconstruir que fueron vistos en el centro clandestino de detención Garaje Azopardo. Por su parte, ellos en Francia armaron familia en torno a los abuelos, tíos menores y Victoria. “Nos fueron explicando a medida que íbamos creciendo”, contó Roberto Andrés y resaltó el esfuerzo de sus abuelos para que de niños fueran felices a pesar de todo, algo fue subrayado por su hermana y su prima.
Cada uno en su declaración enumeró al detalle las consecuencias de todo lo vivido. Paula indicó que debió hacer terapia muchos años y ahora se dedica a la psicología, una profesión que eligió porque le “ha costado entender al ser humano”, "la maldad", y “no tener padres”. Su tesis de grado la elaboró en torno a la construcción de la identidad en hijos de desaparecidos.
Por su parte, Roberto Andrés recordó actitudes violentas o autodestructivas, visiones en la oscuridad, desconfianza y depresiones crónicas, por mencionar algunas. Remarcó que con el paso del tiempo pudo elaborar todo esto y dedicarse a las artes como pintor. “Cuando uno está quebrado le da el partido ganado a los que torturaron y me rehúso a eso”, concluyó.
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