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"Ahí nos torturó un hombre". Molinez relató su detención por Gendarmería en dictadura
Juan Carlos Molinez declaró en el 9° juicio por delitos de Lesa Humanidad en Neuquén y relató los hechos de los que fue víctima durante la última dictadura cívico militar. En la audiencia también se escuchó el testimonio de Osmar Duca, vinculado al mismo caso, y por último, se reprodujo un fragmento de la declaración que brindó Felix Alcides Oga en la causa La Escuelita V.
El 20 de junio de 1979 Molinez pasó el Día de la Bandera bajo la aplicación de torturas y siendo acusado de "no servir a la Patria". Así lo recordó en la declaración que brindó el pasado martes como víctima en este juicio, frente al Tribunal Oral Federal N°1 de Neuquén. El hombre dijo que el día previo a la efeméride fue detenido con su amigo por personal de Gendarmería nacional en el paso internacional Tromen, a su regreso de un viaje a Chile. Al pasar el ómnibus en el que viajaban por el puesto de control aduanero, él y su amigo fueron retenidos y despojados de sus pertenencias, entre las que se encontraban cinco folletos y un libro relacionado a los testigos de Jehová. Horas más tarde, fueron alojados en la sede de esa fuerza de seguridad, en la ciudad de Junín de los Andes.
Con los ojos vendados y las manos esposadas en todo momento, el muchacho que era en aquel momento sentía el frío en la piel y no encontraban explicación para los tormentos que recibía. Nadie le daba respuestas por el motivo de su detención. De esta forma, rememoró Molinez, su incertidumbre crecía a medida que se extendía su privación de la libertad y era trasladado hacia diferentes unidades de detención.
En la sala de audiencias donde se desarrolla el juicio denominado "Ferrari", el hombre enumeró que desde Junín de los Andes primero fue llevado a la sede de Gendarmería, pero en San Martín de los Andes, donde los apremios recrudecieron. Describió que en los interrogatorios que le realizaban, durante los cuáles lo acusaban de "traidor a la Patria" y le consultaban por su supuesta participación en la organización peronista Montoneros, recibía fuertes golpes que terminaron por quitarle algunos dientes y romper su boca, quebrarle dedos de la mano, y que también fue sometido a la práctica de submarino. "Le decían teniente", describió sobre el agresor.
La escena más difícil de escuchar para el público presente el pasado martes fue cuando narró que lo esposaron junto a su amigo al mástil de una escuela de San Martín de los Andes, en donde los dejaron durante largas horas mientras la nieve caía sobre sus cuerpos y la comunidad escolar, incluido los niños y niñas, transitaba las aulas. Recordó que hubieron quienes reclamaron a los agresores que "no fueran tan salvajes" y los saquen de ahí.
Días más tarde Molinez fue llevado a la capital de la provincia en un colectivo de una empresa petrolera y a punta de pistola. Llegado a la ciudad de Neuquén lo alojaron por horas en un sitio que no pudo identificar pero en el que "había gente que gritaba y lloraba", pasó una noche en los pasillos de la comisaría de la mujer y, finalmente, lo encerraron en un calabozo de la Unidad Penitenciaria N° 9, con vestimenta de preso, donde permaneció hasta los primeros días de agosto, cuando recuperó la libertad. En este último lugar pudo recibir la visita de su madre y hermano cuando lograron dar con su paradero. "Mi viejita me dijo que había andado por la comisaría preguntando" pero "nunca le dijeron" donde podía estar", agregó.
La violencia aplicada contra su cuerpo, los insultos y gritos de los que fue víctima, perduraron en la memoria del hombre en forma tal que pudo reproducir en este juicio las agresiones de los represores tal como las escuchó hace 47 años. Al finalizar el primer tramo de su declaración, la defensa técnica de Sachitella insistió en hacerle consultas al testigo sobre las condiciones de deterioro del Documento Nacional de Identidad con el que había cruzado la frontera. También se le solicitó certificar si era el autor de su propia firma, sobre un expediente judicial.
El expediente en cuestión, fechado en 1979, daba cuenta de una causa penal abierta en contra del por entonces joven de 26 años, en la que se lo acusaba de haber introducido desde Chile bibliografía contraria a las leyes de la Nación, debido a los folletos y libro religioso que trasportaba, toda vez que los testigos de Jehová habían sido prohibidos bajo el mando golpista de las fuerzas armadas. Por esa causa, que tramitó en el juzgado del ex juez federal Pedro Laurentino Duarte -condenado en 2025 por delitos cometidos en dictadura- Molinez terminó siendo absuelto.
Al finalizar la audiencia, el abogado e integrante del Ministerio Público Fiscal Federal a cargo de la acusación, David Maestre, se refirió al caso de Molinez y explicó que se trata de la primera situación de persecución por motivos religiosos que se juzga en Neuquén.
"Nada que ver a como se fue"
En la jornada también declaró Osmar Duca, quien era compañero de Juan Carlos Molinez y su amigo Omar Gallego, detenidos al regresar de Chile. Precisó que a Molinez lo conocía desde los 13 años y al momento de los hechos trabajaban juntos, por lo que pudo dar cuenta de tiempo que permaneció ausente. "Él se fue a pasear con el Gallego a Chile y no volvía", contó.
Agregó que más tarde supo que había sido detenido por un primo suyo que trabajaba en la Unidad Penitenciaria N°9. Recordó que cuando volvió a ver a Molinez "estaba pelado, nada que ver a como se fue" y que de regreso le contó que "lo agarraron ahí, le dieron "masa", como quien dice".

Interrogatorio en la comisaría de Catriel
El testimonio de Félix Oga, víctima y sobreviviente de la dictadura militar fallecido en 2024, fue introducido en este debate oral a través de la repetición del registro audiovisual de la declaración que brindó en el juicio La Escuelita V.
El fragmento seleccionado por la fiscalía para la reproducción en esta oportunidad fue en el que relató la detención e interrogatorio en la comisaría de Catriel, en Río Negro, a donde fue llevado con Luis Mendoza. El 24 de marzo de 1976 Oga regresaba a su hogar desde la provincia de Mendoza donde transitaba su carrera universitaria, advirtiendo los peligros y el terror que se sucederían a partir del Golpe de Estado. Tres días más tarde su padre lo alentó a concurrir a la comisaría de la localidad y hacer entrega de un arma que tenía la familia a modo de defensa, tal como lo solicitaban los militares al mando del país. En la diligencia lo acompañó su amigo.
Oga recordó que de regreso a su casa un camión y una camioneta del Ejército montaron "un operativo monstruoso" en el lugar y se lo llevó detenido. En la comisaría lo sometieron a interrogatorios en los que puntualizaban sobre su participación en la vida política, y las preguntas las realizaba "gente que no era del pueblo". En la misma jornada fue privado de la libertad y alojado en el mismo sitio Luis Mendoza, quien declaró haber sido detenido por Miguel Ángel Ferrari, imputado en este juicio. En el caso de Mendoza el interrogatorio a punta de pistola buscó extraer información sobre Oga.
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