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La Memoria, contra la negación y el olvido
El golpe cívico militar del 24 de marzo de 1976 dejó una marca siniestra y permanente en nuestra historia. Las miles de personas muertas, desaparecidas y exiliadas, la desindustrialización inducida, el dominio del capital financiero, la incontrolable deuda externa, la creciente desigualdad de los ingresos, el retroceso de los derechos sociales y laborales y la represión política y cultural fueron su signo funesto durante siete interminables años y muchos de sus rasgos nos acompañan aún.
El callejón sin salida de sus políticas, la derrota en Malvinas y la resistencia popular abrieron camino al retorno de la democracia y con ella -por el empuje de Madres, Abuelas, Hijos y otras organizaciones de Derechos Humanos, las juventudes y parte de las élites políticas y judiciales- fue posible juzgar y condenar a un gran número de responsables y autores, militares y (bastante menos) civiles, de los horrendos crímenes de aquellos años oscuros, sellando su memoria como Terrorismo de Estado.
A medida que el tiempo avanzaba y la memoria viva se angostaba lentamente, la sociedad argentina fue construyendo un poderoso dispositivo de memoria colectiva, desde las artes hasta la conmemoración institucional, fortalecida por cada criminal condenado y cada hijo e hija recuperadas, uniendo indisolublemente la idea de nuestra democracia a un pacto social que rechaza la violencia política y condena para siempre a la Dictadura genocida.
Pero aquí, como en todas partes, la memoria y el olvido son una construcción en movimiento y un campo de disputa del lazo entre el pasado y el futuro.
El intento de asesinato de la vicepresidente de la Nación el 1 de septiembre de 2022 y el ascenso al poder de una coalición política de extrema derecha, en diciembre de 2023, pusieron en crisis el pacto democrático de 1983.
Minorías intensas, aupadas en los hoy viejos medios de comunicación y las nuevas formas, las redes e internet, y el aparato del Estado, auspician el retorno de la violencia política, el autoritarismo y lo que llaman “la batalla cultural” con acciones y discursos que van de la negación de los crímenes a la reivindicación abierta de la Dictadura y la destrucción de los sitios y la políticas de memoria.
Frente a ello, este 24 de marzo, como tantos desde 1983, pero más que nunca ahora, salgamos a las calles y las plazas por la Memoria, la Verdad y la Justicia.
Nuestra convivencia democrática está en juego.
103.7 Radio Universidad Calf. Porque la palabra importa.
Dos gardenias
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