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Cómo llegamos hasta Frankenstein
Por Mauricio Bertuzzi
El pasado miércoles en la columna de La Banda Ancha recomendé algunos textos en torno al famoso monstruo.
Empecé a ver Frankenstein de Guillermo del Toro por Netflix después de atosigarme de horror con sus Gabinetes de curiosidades, y se me ocurrió recomendar a los oyentes de la lectura del Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley porque probablemente hemos conocido la historia en alguna de las muchas versiones que hay de ella pero casi nunca en su versión original.
Pero, ¿cuál es la original?, si se conocen 3 originales de la novela.
Ya sabemos que el texto surgió en el verano de 1816 a partir de una serie de encuentros entre Mary y su esposo Percy Shelley, Lord Byron y John Polidori donde conversaban de ciencia y se contaban historias alemanas de fantasmas "en torno al fuego de la chimenea". Allí se comprometieron a "escribir, cada uno, un cuento basado en algún acontecimiento sobrenatural"; esto, según el prólogo de Percy a la edición de 1818 quien, además, introdujo numerosas correcciones al escrito original de su esposa.
El texto publicado no habría gustado a Mary y en 1831 reescribió el libro. Entonces, tenemos 3 versiones originales de Frankenstein: la de 1816, la de 1818 y la de 1831.
En la actualidad hay numerosas traducciones del libro pero casi nunca se aclara cuál de las versiones traslada al castellano. Editorial Ariel, celebrando el bicentenario de su publicación original, en 2018 editó la escrita en 1831 en una traducción comentada y anotada "para científicos, creadores y curiosos en general", destacando en la portada que es "El Frankenstein que leería Sheldon Cooper", el protagonista de The big bang theory. Y Editorial Fera también recurrió a la edición de 1831 para traducirla con comentarios de Esther Cross, quien además publicó una hermosa biografía de Mary Wollstonecraft: La mujer que escribió Frankenstein (Editorial Minúscula).
Además, el escritor y poeta Luis Alposta se imaginó al monstruo llegando finalmente a vivir sus días en Buenos Aires y escribió un tango:
“Te exijo una mujer, tan horripilante como yo… ¡Creador mío!, hazme feliz… Si accedes, me iré a las enormes llanuras de Sudamérica…” (Capítulo IX – 2º parte)
Entre el horror y el espanto
hago de mi grito un canto:
Mi drama es no tener madre
y ser engendro de un padre
que ahora reniega de mí,
y aunque sin nacer nací
sin tener siquiera un nombre
soy sólo un remedo de hombre,
un muñeco desdichado,
y si fui galvanizado
por mi padre Frankenstein,
en tangótico vaivén,
hoy lo que más me subleva
es ser un Adán sin Eva,
tener prohibido el nosotros
y ver amarse a los otros.
¡Ver cómo comen perdices
y yo con mis cicatrices!
Es por mi figura horrible
que nunca seré querible;
y hago de mi grito un canto
entre el horror y el espanto:
Mi drama es no tener madre.
¡Compadre!
***
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