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Moda rápida: la industria que desviste al planeta
Un pantalón, una camiseta de algodón, un buzo… No debe haber alguien en el mundo que alguna vez no haya usado al menos alguna de estas tres prendas.
Si podemos las elegimos por el color, la forma, la calidad de las telas, la confección. Hay quienes las eligen por la marca, y también hay millones de personas que no tienen la posibilidad de elegirlas, pero las han usado.
¿Te pusiste a pensar cómo se fabricaron, cuáles fueron los procesos de las materias primas, quién la cosió, la tiñó? ¿Qué sucede cuando nos desprendemos de ellas? ¿A dónde van a parar?
La ropa protege, abriga, marca estatus social y/o profesiones; identifica, muchas veces, a culturas y regiones. Hay ropas para trabajar, para salir, para ir al colegio, para la montaña y el mar. Hace cientos de años que la ropa se ha convertido en un elemento esencial de nuestras vidas. Y también en una industria que crece a pasos agigantados.
El Instituto de Recursos Mundiales estima que hoy en día compramos un 60 % más ropa que en el año 2000. Y que el volumen de prendas que se produce anualmente alcanza para que todas las personas del mundo compremos al menos 20 prendas cada año, más o menos a razón de una prenda cada tres semanas.
El significado de “rapidez” en la moda se refiere a la velocidad de los procesos de producción y venta de la ropa, pero también a la brevedad del tiempo que la usamos.
La moda ultrarrápida representa una de las contradicciones más claras del capitalismo global: un sistema que promete democratizar el estilo mientras perpetúa desigualdades laborales, ambientales y sociales a escala planetaria.
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